Leyendas de Córdoba: el prestamista que lo perdió todo por su avaricia.

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La tradición oral y la labor de periodistas y aficionados a las letras como Teodoro Ramírez de Arellano, autor del célebre «Paseos por Córdoba», han hecho llegar a nuestros días historias del pasado en las que la realidad se tiñe de leyenda y viceversa. Una de ellas remite a una vivienda solariega de la plaza de San Andrés, la conocida como Casa de los Luna, que recoge la «Guía secreta de casas encantadas de Córdoba» de José Manuel Morales Gajete. Su leyenda habla de cómo la avaricia de un vecino acabó costándole la pérdida de lo que más quería.

El palacio estuvo habitado por un hombre judío muy rico que ejercía de prestamista entre sus vecinos. No era muy querido en Córdoba por su avaricia, que le había hecho ganarse el odio de quienes le rodeaban. Tenía toda su riqueza a buen recaudo en el sótano de la casa, al que se accedía a través de una compleja red de pasadizos secretos que sólo él podía atravesar sin perderse. En una ocasión, sin embargo, estando enfermo, no pudo descender hacia los túneles para guardar una bolsa de oro y envió en su lugar a su hija de 10 años, a la que dio las indicaciones necesarias para que llegara hasta su botín.

La pequeña, tras memorizar el camino, se adentró en el oscuro pasadizo alumbrada sólo por una vela. Sin embargo, una rata la asustó al cruzarse en su camino, haciendo que la vela cayera al suelo apagando su débil llama. Sus intentos por desandar el camino iniciado fueron en vano. La niña, perdida y asustada, comenzó a llamar a voces a su padre, que descendió a su laberinto para rescatarla. Fue inútil: el hombre no dio con el paradero de la pequeña por más que escuchara sus gritos desesperados.

Entonces, decidió recurrir a lo que nunca pensó que necesitaría: la ayuda de sus vecinos. Quienes tantas veces habían pedido auxilio al rico judío sin obtener de él más que rechazo y codicia quisieron corresponderle de la misma manera y le negaron su ayuda. El hombre, solo y arrepentido, regresó a casa y se sentó en su salón, en la oscuridad, escuchando los gritos de su hija, que, según dicen, aún pueden escucharse en el interior de la casa de San Andrés cada vez que cae la noche.

Fuente: ABC.

 

Fuente: http://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/sevi-leyendas-cordoba-prestamista-perdio-todo-avaricia-201802191830_noticia.html

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